Rrom: Un pueblo sin fronteras

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Rrom: Un pueblo sin fronteras

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Nómadas de la vida, hijos de la naturaleza, pertenecientes a una etnia sin fronteras. Para nosotros los Rrom, comúnmente conocidos como gitanos, el territorio es móvil, es un constante fluir, es vivir sin límites y ataduras geográficas, lo que nos hace identificarnos como ciudadanos y ciudadanas del mundo, porque para nosotros el territorio no se refiere a un espacio geográfico, sino que es algo que llevamos, es nuestra lengua, nuestras costumbres, es sentirnos nosotros mismos.

Al ser joven he moldeado partes de mis costumbres a las de los lugares en donde he vivido, y manifiesto día a día nuevas representaciones de lo que es ser gitana,  pero son esas tradiciones que desde pequeña me han transmitido mis abuelos las que me caracterizan a donde voy, porque ser gitana es llevar a mi familia en cada momento de mi vida representada en un amuleto o en una piedra, es vivir bajo el amor y respeto a la naturaleza, es mantener la solidaridad de nuestro pueblo.

Somos hijos de nuestro padre, el cielo, pero también de nuestra madre, la tierra, somos hijos de la naturaleza (Departamento Nacional de planeación, 2010). El constante fluir de ser gitanos en el mundo es el que nos permite ser parte integral y ocupar un lugar en el mundo, es para nosotros establecer relaciones con el universo y con los animales. Ser gitanos es mantener un balance con los elementos: el agua, el fuego, la tierra, el aire, a los que conocemos como espíritus natura (Departamento Nacional de planeación, 2010). Nuestra lengua ancestral a nivel mundial es el Romaní, la cual representa ese puente de unión de los gitanos de todas partes. El Romaní posee palabras de origen armenio, persa, árabe, castellano y de otros idiomas, recolectando todas aquellas trayectorias de nomadismo de nuestra comunidad gitana.

Se es gitano por herencia de nuestro padre, al mantener una sociedad patrilineal con una línea divisoria entre el mundo de los hombres y el de las mujeres, siendo los hombres figuras públicas, encargadas de velar por el honor de la familia y representarnos en sociedad; mientras que nosotras las mujeres nos dedicamos a las labores y relaciones en el interior de nuestra familia (MinCultura, 2010, p.7). El matrimonio se consolida desde un arreglo entre familias, y se hace un intercambio o dote, el que se le entrega al padre de la novia como ofrenda dependiendo de factores como la belleza, la juventud, la “pureza de sangre” y la virginidad (DNP, 2010).

Para nosotros es muy importante ese viaje divino a la otra vida, es por eso que realizamos preparativos para los difuntos a los que se les debe poner su mejor prenda y se guarda con él sus posesiones más valiosas. Entre las familias nos reunimos cuando la persona se encuentra moribunda, cenamos y bebemos hasta su muerte: a pesar de las grandes muestras de dolor también se producen cantos y se evocan otros sentimientos. Para nosotros desde el momento en que se muere, se entra a un mundo trascendente, desde donde es posible influir sobre los familiares que permanecen en la tierra, siendo su protector o arrastrándoles enfermedades o posesiones (DNP, 2010).

Nuestras abuelas y otras personas de gran trascendencia son las que pueden practicar las artes adivinatorias, la lectura de cartas y de la mano, la cartomancia y la quiromancia. Dentro de estas poseemos símbolos de sacralidad ligados a la forma y lo que nos representa, como las piedras, la rueda o chakra, haciendo alusión a las estaciones de la vida (DNP, 2010). Desde pequeñas nuestras abuelas siempre nos enseñan el poder de las piedras. Yo tengo jades, ojo de tigre, lluvia de plata para la riqueza, perlas, pulseras para el mal de ojo. Una vez, en un viaje que hice a Argentina, mi abuela me pidió que le buscase una piedra llamada black star, y, por supuesto, se la traje. En esta piedra me guardó media alma como forma de protección, así ella me puede acompañar e iluminar siempre. También usamos habitualmente cascabeles como accesorio para llamar a los ángeles. Usar anillos y todos estos accesorios es llevar parte de la familia, sentir que nos están cuidando, que están conmigo. Desde pequeña recuerdo a mi abuela hablarme del poder curativo de las matas, de la magia que tienen las hierbas para su uso medicinal, teniendo la naturaleza conexión con el alma y la salud.

Me gustaría finalizar resaltando que, ser gitano es tener un gran poder adaptativo, pues siendo una minoría étnica en el mundo, siempre hemos logrado jugar un rol importante en las sociedades a las que llegamos. A pesar de encontrarnos esparcidos por muchos lugares en el mundo, ser gitano es mantener una representación de una propia nación, es llevar una lengua propia, un sistema de creencias y costumbres que trasciende más allá de espacios geográficos y fronteras.