Redescubriendo mis raíces indígenas Wayúu

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Redescubriendo mis raíces indígenas Wayúu

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Redescubriendo mis raíces indígenas, me dirijo al Caribe Colombiano, en lo más norte de la península de nuestro país, para reencontrarme a mí misma con mi comunidad y con mi tierra, Wotkasainru, en la alta Guajira. Como mujer wayúu llevo conmigo una nueva forma de vivir las tradiciones y la cultura de mi pueblo, llevo a cada lugar donde voy mis tradiciones indígenas y el legado de mis ancestros.

Recuerdo que desde pequeña he escuchado los relatos de nuestros ancianos lo que se cuenta sobre Maleiwa, la figura central de nuestro universo mítico, quien nos fabricó como parte de la ordenación del cosmos y la creación del mundo (Sánchez, 2005, p.5). Los Wayúu somos la última generación de herederos de una continuidad de vida en la cual la naturaleza se entreteje como una sociedad familiar, donde los distintos clanes tienen un origen totémico con sus respectivos abuelos animales, a los que respetamos y con los cuales nos identificamos (Rodríguez, 2012, p.10). Los Wayúu somos hijos de la tierra, nuestro lugar sagrado en que nacemos y morimos, lleno de muchas riquezas y de secretos mágicos aún por develar.

Maleiwa, al momento de crearnos, nos hizo seres conscientes, con el don de la palabra, dándonos leyes para regirnos: asignó cada animal a una familia o clan —tótem—, forjando los hierros para marcar cada clan y distinguirlos, uno para los Wasashi, otro para los Waluuseshi, los Ko’hoi, los Kasiwanot, los Apüche, los Piichi, entre otros. Maleiwa como el julaulashi (jefe o autoridad superior), nos ordenó a los Wayúu que no podíamos pelearnos y que teníamos que vivir en paz y respetarnos (Ministerio del Interior, s.f., p. 4). Nuestra organización social Wayúu está conformada por clanes matrilineales, teniendo cada clan un territorio propio. Este mandato está claramente explicitado en nuestros mitos, lo cual es una muestra de la designación de nuestro dios Maleiwa (Sanchez, 2005, p.5).

Para nosotros, el tío materno es la autoridad máxima quien interviene en problemas familiares y domésticos. Dentro de nuestra familia nuclear, los hijos son dirigidos prácticamente por el hermano de la madre y no por el propio padre biológico. Dos momentos centrales en nuestra vida como Wayúu son el matrimonio y el entierro: El primero es de crucial importancia por el prestigio que conlleva realizar una alianza familiar, que supone tener disponibilidad de recursos para ofrendar una dote a los padres de la mujer de otro clan y el apoyo de los suyos. Normalmente esta dote se representa en animales, joyas, hamacas y vasijas. Por su parte, respecto al entierro, nuestras mujeres son las encargadas de preparar al muerto, de bañarlo, colocarlo en el ataúd para luego ser exhumado dos años después para incineración. Para nosotros Wanülü representa el mal de la enfermedad o la muerte (Ministerio de Cultura, 2010, p.7).

Nuestro idioma autóctono se conoce como wayuunaiki, sin embargo, la mayoría de nosotros también hablamos español. La oralidad y la convivencia son pilares fundamentales para la transmisión de nuestros conocimientos y enseñanzas de los saberes Wayúu. A partir de la palabra, nuestros ancianos testimonian y guardan el patrimonio cultural y literario de nuestro pueblo, organizando un conjunto de relatos sagrados, convirtiéndose en las referencias bibliográficas del mito, el cuento y la leyenda que, además, son escuchados con gran solemnidad por el resto de la comunidad. Sin embargo, somos las mujeres Wayúu quienes debemos garantizar el crecimiento y continuidad de nuestros clanes, transmitiendo conocimientos, actitudes y conductas (Fajardo, 2006, p.6). Las mujeres Wayúu somos políticamente activas en nuestra sociedad, por lo que las autoridades femeninas son las que nos representan como pueblo en los espacios públicos (Ministerio de Cultura, 2010, p.7).

Los Wayúu somos reconocidos por nuestras artes ancestrales, especialmente por nuestro trabajo textil. Esta rica herencia cultural, compartida en el seno de nuestras familias, debe entenderse como una forma de pensar, interpretar y, al mismo tiempo, expresar nuestra propia vida. Me ha parecido interesante encontrar cómo los arijuna (quienes no son Wayúu), han empezado a entender que nuestra cultura es importante para la conformación de una Colombia unida en la multiculturalidad. Les dejo una idea interesante sobre nuestro universo Wayúu y la relación con los objetos e ideas presentes en nuestra vida diaria:

En las aulas hay que revalorar los procesos de pensamiento wayúu, pensado desde las generaciones. Gabriel Iguarán, del clan Uliana, nos dice que los objetos, además de ser utilitarios en la vida cotidiana, se convierten en maneras de concretar los procesos de pensamiento. Él denomina este proceso como cosas-concepto. Por ejemplo, en el chinchorro existe una identidad entre placenta-matriz de la mujer chinchorro, que se expresa en la forma de nombrarlos. La palabra wayuunaiki, que denomina la matriz y la placenta, es acho’unlaa ‘el chinchorro del niño’ y o’ulaa ‘chinchorro’, cuando denota acción y uso, mientras que si se habla de este como objeto pasivo, sin uso, se utiliza la denominación süi (Montiel, 2010, p. 35).

Para finalizar, es importante resaltar que en nuestra cultura Wayúu cada uno de nuestros miembros participa y transmite a otros las prácticas necesarias para el mantenimiento de nuestra cultura, desde diferentes niveles de transmisión: El padre le enseña a su hijo, si es pesquero o pastor, a serlo; la madre enseña el quehacer del hogar, las técnicas del tejido y los principios morales. Desde la familia extendida se vela por la transmisión de historias y cuentos a través de la oralidad; y, como comunidad participamos en actividades y ceremonias conjuntas de nuestra cultura (Fajardo, 2006).