Mokaná: pueblo de mujeres sabias y guerreras

Mokaná

Mokaná: pueblo de mujeres sabias y guerreras

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Ser Mokaná es pertenecer a la tierra que nos ve nacer y a la naturaleza que nos alimenta, es ser agradecido con nuestros ancestros, agradecido con aquellos antepasados que nos hicieron amar quiénes somos, la forma en cómo vivimos, nuestras raíces y la tierra Caribe a la que pertenecemos.

Los Mokaná somos un pueblo indígena descendiente de la familia lingüística Arawak. Nuestra vida diaria, nuestra cultura y nuestros orígenes ancestrales están fuertemente ligados a la tierra que nos identifica y nos une como pueblo. Siempre que tengo la oportunidad de narrar los aspectos más importantes de nuestra cultura, me gusta recordar esa idea con la que nuestro actual Gobernador, máxima autoridad entre nuestro pueblo, se dirige a quienes nos escuchan hablar: “…busquen la belleza de sus orígenes y encontrarán un territorio que teje lo que somos…”.

Me parece que la oralidad tradicional nos enseña sobre nuestras raíces, es la expresión de los antepasados y de sus voces que todavía resuenan en nuestros usos y costumbres; los viejos decían “la costumbre hace ley”, y aquí estamos, honrando a nuestros antepasados intentando preservar nuestra cultura, territorio e identidad. Este es nuestro orgullo como pueblo Mokaná.

De hecho, nuestra tradición oral está integrada por numerosos relatos folclóricos que se relacionan con otros mitos de América, y particularmente de África, conformando una mentalidad mítica cuyo estudio es indispensable para el conocimiento de las ideas y de nuestras identidades regional y nacional, así como de los sentimientos y actitudes populares ante los cambios acelerados de la época contemporánea” (Baquero y De La Hoz, 2010). Definitivamente, existe una gran riqueza cultural en nuestro pueblo que quisiera enseñarles, pero, esta vez, me voy a concentrar en describir, al menos, algunos de nuestros rasgos culturales.

Parte fundamental de nuestra tradición oral reside en el conocimiento sobre el dios Hu, máxima expresión mitológica de nuestra cultura, creador de la vida, a quien le atribuimos los imprevistos de la naturaleza, la prosperidad de los cultivos, la procreación de la vida animal y la fertilidad del hombre; como muestra de gratitud hacia el dios Hu, los Mokaná llevamos a cabo un ritual denominado pagamento, que consistía tradicionalmente en la ofrenda de parte de la cosecha y algunos animales (ibidem). De hecho, en “Piedra Pintá”, que es realmente la representación del rupestre Mokaná, ubicada en el cerro Morro Hermoso, todavía se puede apreciar pictografía y petroglifo de origen ancestral.

Estos símbolos del Rupestre son los mensajes que los antepasados nos dejan en pictografías en bajo relieve. En estas piedras está la transmisión de nuestros ancestros, las guías que nos hablan a nosotros los indígenas y que llamamos “mensajes callados”. Se trata de una lectura a partir de nuestros usos y costumbres con un gran significado espiritual que nos permite compenetrarnos profundamente con la naturaleza y establecer una conexión con nuestro dios a partir del ritual del pagamento.

Para fortalecer nuestra tradición e identidad tenemos el Princesado. Se trata de un encuentro etno-cultural, que reúne las diferentes parcialidades indígenas del departamento del Atlántico. La ganadora, la Princesa Mokaná, es una digna representante de los rasgos físicos de su pueblo, embajadora de sus usos, costumbres e ideología, pues lleva en su sangre, por herencia, la genética y el orgullo de ser indígenas mokaná.

La mujer mokaná se considera la consejera de la familia, además de catalizar procesos culturales importantes para la preservación de la identidad, tales como el Princesado y festivales gastronómicos. La concepción sobre la estructura familiar otorga a la mujer las responsabilidades maternales junto con otros trabajos productivos, por ejemplo, el liderazgo sobre la producción de artesanías, mochilas y otros productos que pueden comercializarse y representar el sustento de la familia.

No obstante, la mujer también tenía un poder de decisión acerca del rol que quería ejercer: podía escoger entre ser reproductora o guerrera, esto es una característica clave que diferencia la mujer mokaná en relación con otras culturas colombianas; por lo tanto, lo femenino mokaná alude a diferentes espacios y roles: “a mujer guerrera, autónoma, reproductora” (Valencia, 2017).

Por último, quiero mencionar que la medicina tradicional al igual que la alimentación ancestral y natural juega un papel muy importante para nuestro pueblo y repercute en gran parte de nuestra cotidianidad y calidad de vida. En estos conocimientos y gastronomía reside parte de nuestros valores tradicionales que hay que rescatar para las nuevas generaciones. Es fundamental para nuestra gastronomía el cultivo de plátano, yuca, fríjol, ñame, cacao, malanga, entre otros. Parte de nuestras comidas típicas son el rongo de chivo, la chicha, el arroz de millo, productos en millo y todos aquellos derivados de la yuca. Celebramos nuestra gastronomía durante festivales como el Festival de la Yuca, pues, es la forma en la que lxs hermanxs de nuestra comunidad conservamos nuestra identidad (Jiménez Reyes, 2011). Nuestro Gobernador también nos habla frecuentemente del uso de las plantas, las cuales tienen la capacidad de curar, pero también de matar. Para usarlas correctamente hay que saber recolectarlas, de una forma específica, de arriba para abajo o viceversa, teniendo en cuenta la época lunar adecuada y a una hora del día específica. También debemos conocer la dosis exacta para darle al enfermo, de lo contrario, ocurre como quien se intoxica tomando las dosis erradas de la medicina occidental.

Todos estos conocimientos nos pertenecen y son conocimiento ancestral.